

Adiós, compañero
DIARIO DIGITAL DE FERROLSara Dobarro
Jueves 27 de enero de 2005.- Hace menos de una semana que nos dejó Javier Fernández Justo, un compañero de profesión con quien he compartido muchos espacios en los medios, momentos de espera y noticias. Su muerte me sorprendió. Para mí no ha supuesto la crónica de una muerte anunciada. El estar en la distancia, no te permite seguir el estado de salud de quienes te rodeaban. No tenía ni idea de que estaba padeciendo una larga enfermedad. Sin embargo, el pasado viernes me enteraba de su fallecimiento. Sentí dolor, porque lo apreciaba. Y rápidamente recordé un buen número de experiencias profesionales a su lado, sobre todo las vividas en el Ayuntamiento de Ferrol, en la época en que yo era concejala y él escribía sobre mí. Ahora, se ha producido el cambio y me toca escribir sobre él. Como persona, Javier tenía un gran corazón, y una gran vida interior. Amante de su familia, por quien luchó hasta el final, nunca quiso hacer daño a nadie y si lo hizo, sabía pedir perdón al momento, y rectificar. Su viuda y su hija pueden estar orgullosas de haber “crecido” junto a hombre “bueno y generoso”.
La prensa escrita, la radio y la televisión han quedado atrás y puede estar utilizando las plumas, con las que hacía sus crónicas, para volar. Sin duda, ha cambiado de estado. Para los que sufrimos la muerte de seres queridos en el momento es difícil de entender, pero estamos frente a un problema filosófico, con el que la humanidad ha lidiado durante más de dos milenios. Hoy, muchos aseguran que estamos en una era de cambio constante. Esta visión del cambio continuo tiene sus orígenes en Heráclito, quien vivió cinco siglos antes de Cristo y ya expresaba que todo muta, que todo fluye y que nada permanece estático. Tampoco nuestros cuerpos mortales se salvan. Nos vamos deteriorando hasta abandonar este estado para vivir más allá. Javier, casi una semana después de experimentar el cambio, seguro que estará en ese lugar premiado llamado “cielo”. Aristóteles también aceptaba que el cambio existe, fruto de la manifestación de la imperfección del hombre, que necesita cambiar, para “actualizar su potencial”. Para el filósofo esta capacidad no existía en el mundo, sino en el hombre mismo. Creo que razón no le faltaba a Aristóteles. Hay tantas cosas que desconocemos…
La realidad fluye, sí, pero nosotros le damos el verdadero significado cuando guiamos el cambio que conocemos con nuestros valores e ideales hacia nuestras metas. El objetivo de cualquier mortal creo que es vivir en armonía, superar las dificultades y admitir el inevitable cambio de nuestro cuerpo con el paso del tiempo. Sería maravilloso poder leer una crónica de Javier Fernández Justo desde su estado actual.
Me gustaría que tras leer este artículo se produzca un pequeño cambio a la hora de interpretar la muerte. Los ferrolanos sabemos que el borde del mar siempre será un límite indefinible. En la costa vemos como cambia con cada marea, perteneciendo ahora a la tierra y ahora al mar. Un beso para su viuda y su hija.
