

Cúrame, por favor
DIARIO DIGITAL DE FERROLSara Dobarro
Jueves 11 de noviembre de 2004.- La salud es el mayor tesoro que podemos poseer los humanos, porque sin ella nos anulamos o quedamos fuera de combate. Permítanme que esta semana, este espacio, dedicado a abordar problemas locales o temas de interés para los ferrolanos, lo dedique a alguien muy especial, mi sobrina Sara Dobarro, Jr. Con sólo dos añitos, vio la cara de la muerte y lleva casi dos meses internada. Dicen los especialistas que es el caso más extremo que han visto, en cuanto a infecciones respiratorias pediátricas se refiere. Al final, tras mucho sufrir, le practicaron una operación muy delicada “de encaje de bolillos” -como se dice popularmente-, y le prometí que, si luchaba por vivir, le dedicaría este artículo.
Todos los temas humanos son los más importantes, tanto si afectan a una gran colectividad como a una pequeña. En este caso atañe a una familia: la mía; pero a ustedes -que me suelen leer todos los jueves y me llaman para proporcionarme temas sobre los que escribir- también les siento muy cerca, pese a la distancia.
Sara ha abandonado la UCI y por fin se acaba una angustiosa lucha entre la vida y la muerte, que ha vivido junto a sus padres y todos los que la queremos. La pequeña, con su corta edad, nos ha dado muchas lecciones a lo largo de su difícil enfermedad. Incluso sobrecogió el corazón de la pediatra que la trató en la Clínica Belén, cuando, al pasar por el pasillo frente a la niña, ésta, con un hilito de voz, le dijo: “Cúrame, por favor”. Dice la médica que sintió una angustia tremenda, y que nunca podrá olvidarlo. Al final, no pudo ser esta profesional quien la curase. El caso se complicó, era muy grave y necesitaba de las mejores y más expertas manos. Fueron el cirujano y jefe de la unidad de trasplantes de pulmón del Juan Canalejo, el Dr. José María Borro, junto la maestría de la cirugía pediátrica del Materno Infantil, practicada con el bisturí del Dr. Diego Vela y su equipo, los que con su intervención han hecho que el pulmón de Sara pueda volver a funcionar.
El doctor Borro no tenía por qué implicarse en un asunto pediátrico tan complejo; pero lo ha hecho porque además de ser un número uno en su profesión, es un gran humanista y amigo. Todos le estamos eternamente agradecidos, porque, con valentía, ha puesto su dilatada experiencia para salvarla. El arte y la destreza de estos médicos han transformado la amargura en gratas emociones. El equipo que operó a mi sobrina también le devolvió su arte: pintar. Llena de tubos y vías cogidas, Sara se recupera pintando. Sus dibujos son valiosos tesoros, porque transmiten muchas de sus sensaciones sobre las que no puede hablar. A toda experiencia vivida, intento sacarle su lado positivo. Ya saben ustedes, que si no me hubiese tomado la vida de forma optimista, y supiese leer entre los renglones torcidos, no caminaría ahora hacia la felicidad. Creo que este estado de ánimo proporciona una fuerza y energía especial que quiero compartir con todos ustedes, y en especial con los que nos han dado tantas muestras de cariño para Sara Dobarro Bustabad, que ahora sonríe mientras pinta.
