Castigados sin barracas

DIARIO DIGITAL DE FERROL

Sara Dobarro

Jueves 19 de agosto de 2004.- Llego a Ferrol y pregunto por las fiestas locales, de las que tan buenos recuerdos tengo. La respuesta fue unánime: “tristes”. Han castigado a los niños sin las barracas, y las demás atracciones que siempre se ponían en la alameda del Cantón de Molíns. De hecho, han sido publicados varios escritos de protesta por parte de los vecinos en la prensa local. La verdad, desconozco el motivo que le ha llevado al Sr. Couce Fraguela, concejal responsable de fiestas, a tomar esa decisión; pero lo cierto es que este ha sido el primer año que nuestro Ayuntamiento nos ha privado del “pajarito de la suerte”, de las luces, los farolillos y el ambiente de verbena que se vivía en esta zona. Recuerdo que en mi infancia ferrolana el júbilo era compartido por todos. Nuestro lugar de encuentro, ilusión y diversión estaba en el Cantón. Y no sólo los niños disfrutábamos con las tómbolas, y otros chiringuitos. Nuestros padres y abuelos compartían las risas y sorpresas. Era un lugar de encuentro intergeneracional, donde se intercambiaban recuerdos y emociones y los may ores se hacían niños para participar y optar a un peluche para su pequeño. Así, no es de extrañar que la gente se queje con frases como: “Sólo han organizado conciertos de Chenoa y Bisbal”, entre otros, en la Plaza de España, quizás para que la gente vaya entrando por el aro de un espacio, que ha quedado tan “feo”. Señores, evidentemente se sostiene que la lógica es la forma de pensar más clara, eficaz y adecuada para aportar soluciones. Pero hagámoslo con alegría, ya que de forma natural no pensamos de manera muy lógica en estas fechas. Nuestro pensamiento más frecuente es intuitivo, creativo y se produce mediante “saltos de imaginación”. Y eso es lo que queremos: que en las fiestas nos hagan brincar de alegría, disfrutar y pasar unos días en los que nos abstraigamos de preocupaciones. Nuestro pensamiento es naturalmente emocional y asociativo. A mí me hubiese gustado pasear por el Cantón de la mano de mis hijos y mis sobrinas, para revivir los buenos momentos que, en la abarrotada alameda del Cantón, disfruté con mis padres y hermanos. A veces, los señores políticos, en su condición de organizadores, infravaloran este aspecto humano. La lógica tiene su lugar, pero no siempre es oportuno centrarse en ella para manejar y administrar los momentos de “fiesta” de los vecinos. El hecho es que una decisión política ha hecho sentirse a muchos ferrolanos -grandes y pequeños- castigados sin barracas, luces, musiquilla y otras atracciones infantiles en el Cantón. Ahora viene la pregunta lógica ¿porqué? Y otra más: ¿lo que ha sentido el pueblo es: para bien o para mal? Antes seríamos más pobres, pero más alegres. Hay que saber crear ambiente en el pueblo. ¡Menos mal que se celebró la popular “Verbena del Mantón”!

En las fiestas locales, que son del pueblo y para el pueblo, ningún ferrolano debió sentirse castigado. Cuando el acierto no entra en juego, el tiempo se vuelve una variable peligrosa.