

Pasión por Sotomayor
DIARIO DIGITAL DE FERROLSara Dobarro
Jueves 08 de abril de 2004.- Opinión Vivimos días de Pasión. La Semana Santa Ferrolana se siente de una forma especial. Son jornadas de recogimiento y sensibilidad con manifestaciones de color y plasticidad. Los pasos procesionales nos inducen a pensar en muchos seres queridos o ilustres ferrolanos que ya no están entre nosotros.
La pasada semana terminaba mi artículo con un recuerdo a los cientos de hombres y mujeres nacidos aquí, que han hecho y siguen haciendo brillar el nombre de nuestra ciudad en los más diversos lugares del mundo. Tal es el caso de Fernando Álvarez de Sotomayor, el pintor ferrolano que con su obra ha viajado por todo el mundo y ha dejado una profunda huella en América, creando una clara influencia sobre toda una generación de pintores chilenos, “la Generación del 13”. Sotomayor nació el 25 de septiembre de 1875, en la céntrica calle Real de Ferrol. Consiguió ser uno de los pocos que gozó del reconocimiento de la sociedad de su época y ejerció una larga gestión en la dirección de Museo del Prado. Su técnica le llevó a ganar a sus 22 años una bolsa para ir a la Academia de Bellas Artes de Roma. A pesar de estudiar las más variadas corrientes pictóricas, es en Holanda y Francia donde conoce de cerca las tendencias impresionistas. Pero, como buen ferrolano, en Sotomayor predominó la individualidad por encima de escuelas o grupos. Fue dueño de una destreza muy precisa y única, que plasmó en sus composiciones sobre los lienzos. Cuando regresa a España vuelve como pintor de éxito, admirado por otros artistas y solicitado por los aristócratas y la realeza. A pesar de haber realizado incursiones en la temática mitológica, histórica o paisajística, Sotomayor debe ser considerado un retratista. Coincidiendo con la boda de un hermano, viaja a Coruña y se queda fascinado por Galicia. No sólo la convierte en su tema favorito, sino que le incentiva su creatividad y da rienda suelta a sus fantasías pictóricas. Aprovechaba la riqueza y belleza de nuestros paisajes para situar a las figuras. Le fascinaban los rasgos fisonómicos de la gente de aquí y el folklore, que constituían para él un paraíso perfecto en el que recrearse. De todas formas, la Galicia que retrataba Sotomayor, con cierto sabor melancólico, poco tenía que ver con la realidad socioeconómica del país. Él conseguía ennoblecerla con sus pinceles. Su aventura por recorrer mundo, tuvo para Sotomayor la ventaja de ensanchar de un modo increíble el concepto de Patria.
Aunque los temas religiosos apenas fueran tratados en su pintura, en estos días de color de nuestra Semana Santa, recuerdo y siento más que nunca pasión por la figura y obra de Sotomayor. Era un gran ferrolano en cuerpo y alma, del que tuve la suerte de contemplar desde la infancia los dos cuadros suyos que había en la casa de mis abuelos maternos. Reflexionemos sobre los grandes exponentes de nuestra cultura y recordemos, recuperemos y expongamos un patrimonio que por territorio nos pertenece. Creo que sería justo que Ferrol dispusiese de un museo dedicado a la pintura de Sotomayor, donde se plasma la historia de España de las primeras décadas del siglo XX, el sentir americano y nuestra cultura gallega.
