

Magnanimidad
DIARIO DIGITAL DE FERROLSara Dobarro
Jueves 25 de marzo de 2004.- Magnanimidad significa “gran alma”, en principio intangible y que no guarda relación con el volumen ocupado en el espacio. Para elevarse sobre la violencia, la injusticia y los actos aberrantes de algunos “seres” es necesaria tenerla. Ésta es siempre escasa, pero constituye el único antídoto contra la furia de la venganza, la cual -sin excepción- hace que lo malo empeore.
Dice un proverbio español que “no hay venganza más honorable que la que no se cobra”. El autocontrol y la magnanimidad, ante la injusticia, indican nobleza y expresan el deseo de Paz. Hay quien no acepta las críticas o las iniciativas de sus vecinos y muestra espontáneamente su lado agrio. La persuasión es una habilidad que no pertenece exclusivamente a los novelistas. Suelen tenerla las personas constantes.
Algunos políticos, que se creen poseedora de ella, intentan utilizarla torpemente para ocultar los problemas y en vez de intentar comprender el porqué de determinadas acciones y positivizar la fuerza de los diferentes colectivos ciudadanos, se sienten heridos. ¿Tal vez porque su falta de realismo y capacidad de consenso no les permita rentabilizar determinadas iniciativas?.
Pero señores míos, si es, precisamente, gracias a las acciones de los seguidores cuando los líderes nacen. Una o uno asciende por el reconocimiento de los otros y por los hechos hacia un interés común, por su comprensión de la naturaleza humana y su contribución a la sociedad. Los buenos líderes deben tener la habilidad de motivar, comprender e inspirar a sus seguidores y mostrar sólidas creencias, valores y actitudes constructivas. Si no es así, hasta sus partidarios dejarán de estar unidos a él y empezarán a no sentirse representados. Y conste que hablo en términos generales. Pobre de quien se sienta ofendido y vuelva a utilizar torpemente el poder que le da el status, desaprovechando una oportunidad de diálogo. Hoy hemos avanzado mucho y el pueblo ha demostrado que tiene capacidad para otorgar o negar el poder a quien quiere, electoralmente hablando.
Los tiempos han cambiado. En el pasado el poder se sustentaba en el temor. En la actualidad, el mando sostenido por el miedo es una demostración mas de impotencia que de capacidad. En el ámbito local, el alcalde, que como los de otras ciudades cada vez está más interconectado, en este mundo globalizado, ha de orientar a sus vecinos hacia una visión común y no limitarse a querer gobernar. La suma de diferentes ideas es lo que da sentido a un fin determinado y es la responsabilidad del dirigente el usar ese conocimiento con honestidad y sabiduría. Los líderes no existen si no tienen seguidores; de ahí la importancia de la comunicación y los canales informativos.
Un verdadero dirigente debe aprender a reconocer sus propios errores, las limitaciones del mundo real y tratar de hacer posible mañana lo que parecía imposible ayer. Para que esto suceda, es importante desarrollar el invisible mundo de las mentes de las personas y abrir el corazón humano. A buen entendedor pocas palabras y aquí ya hay bastantes.
