La mesa del botellón

DIARIO DIGITAL DE FERROL

Sara Dobarro

Jueves 26 de febrero de 2004.- Estamos de acuerdo en que todos, bien de forma colectiva o de manera individual, quisiéramos poner fin a la “cultura del botellón”. Curiosamente, lo que más llama la atención a los expertos es la permisividad de la sociedad para con esa “cultura”, que tira a los jóvenes por los suelos, mientras manifestamos nuestro rechazo a que éstos consuman alcohol sin control. En este sentido, la presidenta de la Federación de AAPA Concepción Arenal, Idoya Múgica, organizó, el pasado fin de semana, unas jornadas sobre el consumo de drogas y alcohol, que contaron la participación del Defensor del Menor, quien hizo una brillante exposición.

La conclusión principal radica en que de nada sirve identificar el problema aisladamente, sino lo atajamos de forma conjunta. Como balance, Idoya Múgica se siente muy satisfecha porque consiguió arrancar del representante del delegado del Gobierno, José Manuel Pérez, el compromiso de organizar en Galicia una “Mesa del Botellón”. Algo similar a lo que hizo en la Comunidad de Madrid el Defensor del Menor, Pedro Núñez, quien consiguió implicar a todos los agentes sociales en la lucha contra el alcohol en los jóvenes. Este problema, que generalmente se da en la calle los fines de semana, afecta tanto a los chicos como a los vecinos, a sus padres, a los hosteleros, al clan del “garrafón”, a las diferentes administraciones educativas y sanitarias, como a los políticos. El 2004 será un año electoral, y por tanto, momento de pedir acciones, que por simples que parezcan marcan el futuro de nuestra sociedad. A veces hablamos de educar responsablemente a nuestros jóvenes, considerando a la educación como el elemento crucial para incrementar su productividad y el bienestar económico. No sé por qué extraña razón limitamos tanto el conocimiento. Saber lo que ocurre a los chicos de hoy también es cultura, fundamental para “educar”.

Las personas tenemos el deseo de ser eficaces, productivas, de desarrollar nuestras cualidades y liberar el talento. Todos tenemos un “don” para compartir con el mundo, pero, parece que nuestros jóvenes prefieren ahogarlo en alcohol. Arremeter con consejos, fórmulas, razonamientos o disertaciones educativas cuando alguien está insatisfecho, o sometido a una gran presión, equivale a intentar enseñar a nadar a un hombre mientras se está ahogando. Ese no es buen momento para instruir. Por el contrario, cuando una persona experimenta esa seguridad interior, sentimientos de afecto y respeto (que generalmente encuentra en la familia) y solicita ayuda, entonces sí: ha llegado la hora de actuar, sumando esfuerzos. Socialmente, estamos creando un momento para cada cosa. Jornadas como las que ha organizado Idoya Múgica nos llevan a un punto de reflexión: la autocrítica se impone. Sin duda, la mejor forma de enseñar algo es con el ejemplo. La segunda mejor, es contar una historia que sirva de ejemplo, porque las historias nos permiten que las personas descubran las cosas por ellas mismas. Creemos un mundo que respete y se preocupe por ese espacio compartido con los jóvenes. Enhorabuena a los que piensan y actúan a favor de otros. Y a José Manuel Pérez Díaz, por su apoyo a la Mesa del Botellón.