La formación y el Rey

DIARIO DIGITAL DE FERROL

Sara Dobarro

Jueves 11 de diciembre de 2003.- La necesidad de potenciar la formación en nuestro país es una realidad, que se mueve a todos los niveles. El pasado martes, su Majestad El Rey se desplazaba a nuestra ciudad para visitar la Escuela de Especialidades “Antonio de Escaño”, que es el centro de formación más importante de la Armada en España.

Por otra parte, curiosamente, en Madrid, asistimos hoy a la clausura de un importante congreso, que se ha desarrollado bajo el sugerente título “Una Formación Profesional de calidad para un empleo de calidad”. Empresarios, políticos, docentes y agentes sociales se reunieron en este evento para elaborar un catálogo de las cualificaciones profesionales, acorde con las necesidades reales de mercado. El fin último es conseguir un sistema educativo que no forme parados, sino personas con posibilidad de emplearse en su especialidad, al terminar sus estudios. Si este sueño se llegara a cumplir, sin duda, la valoración de la formación profesional iba a cambiar mucho en nuestro país. Es cierto que la FP tiene un valor social inferior al que le corresponde, pero es cuestión de mentalidad o de “utilidad”. Si en la práctica comprobamos que, realmente, nos proporciona empleo, apostaremos por la mencionada formación.

La necesidad de hacer de España una sociedad competitiva en el mercado internacional, apresura a los dirigentes de las diferentes administraciones, empresas y organizaciones para conseguir que la colocación sea efectiva. Se impone el diálogo para la cualificación y, en definitiva, la rentabilidad: el proyecto promete.

La formación ha adquirido un carácter tan sociabilizador e integrador, que todos, desde el Rey hasta el último operario, saben que es fundamental para conseguir trabajo, cuando “todo va bien”. Fue Sócrates quien dijo que el propósito de la filosofía era ayudarnos a ser “personas excelentes”. Esto no es filosofía. El que todas las excelencias miren ahora a la formación es una realidad. Aprovechemos esta circunstancia y orientemos correctamente nuestras fuerzas para seguir sin desfallecer el ritmo que marca nuestro tiempo. El momento actual pide diálogo, cooperación y especialidad. El activo más importante para sacar adelante cualquier proyecto radica en la unión y la capacidad de adaptarnos a las nuevas circunstancias.

La globalización está requiriendo empresas superespecializadas y estas han de nutrirse de personal cualificado, según las necesidades del mercado.

La educación ya no sólo se centra en enseñar. Cada generación tiene sus propias normas, valores, creencias e influencias históricas que modelan nuestros paradigmas y conductas; y cada sector productivo sus peculiaridades y demandas. Escuchemos la llamada social a la formación, porque entre tener una idea y que funcione hay un largo camino por recorrer. Hagámoslo más corto, porque, en definitiva, el que tu hija o hijo encuentren un empleo digno, también nos beneficiará al resto. Los sueños pequeños no tienen el poder de mover el corazón de las personas y aquí ya no caben más parados.