Autopista: Sabor a miel

DIARIO DIGITAL DE FERROL

Sara Dobarro

Jueves 27 de Noviembre de 2003.- Pronto dejaremos de ver las interminables colas de coches y las caras de los conductores malhumorados que sufren los embotellamientos para entrar en Ferrol. La noticia de que Dragados ha dado por concluida la construcción del tramo de autopista Fene-Ferrol, nos hace pensar que la fecha de inauguración está muy próxima. Aunque soportamos ser uno de los puntos más congestionados de Galicia, la mayoría de ferrolanos sabemos que este “ansiado y reivindicado” vial es necesario para el crecimiento económico, equidad y desarrollo de nuestra comarca.

Nadie cuestiona que lo que ha hecho avanzar a nuestra Comunidad Autónoma, en los últimos años, ha sido la mejora de sus infraestructuras. Ferrol ha esperado su turno. Hemos dado una buena prueba de tolerancia y, como premio, vamos a disponer de una nueva fuente de riqueza.

Comenzaremos a saborear lo que van a ser los inicios de un renovado progreso, cuando la referida inauguración sea una realidad. En todos los ámbitos de la sociedad, desde el círculo familiar hasta el Ayuntamiento, desde la universidad hasta el colegio, desde la empresa hasta los hospitales, desde la industria hasta la Armada, desde la comunidad religiosa hasta el Gobierno, se venía clamando esta necesaria obra.

Una arteria que dará vida a nuestra ciudad y contribuirá, sin duda, a que nuestras fuerzas se puedan reorientar para mejorar nuestra sociedad. La hipoteca para el futuro de Ferrol ha vencido; estamos pagando la última letra y pronto se cancelará la deuda.
El día de la inauguración del nuevo tramo de la autopista del Atlántico se producirá un grito de clamor unánime que, aunque sea interior y nadie lo oiga, hará llegar nuestras voces hasta lugares insospechados.

Puede que hubiese empresarios que quisieran instalarse en nuestra comarca pero, al ponerse “a la cola” para entrar en Ferrol, se retiraban. La falta de vías de comunicación terrestres les hacía perder tiempo y dinero. Una evidencia que nos ha desfavorecido. No podíamos ser un lugar rentable para invertir.